Cáceres, cuando vuelven las cigüeñas

De los palacios renacentistas al festival WOMAD, la mezcla cultural empieza en el pasado y termina en el futuro en la ciudad extremeña

Iglesia de San Francisco, en el casco histórico de Cáceres, una de las 13 ciudades españolas declaradas patrimonio mundial.
Iglesia de San Francisco, en el casco histórico de Cáceres, una de las 13 ciudades españolas declaradas patrimonio mundial. / Getty
Si, como decía María Zambrano, Extremadura es la tierra del silencio, tal vez la ciudad del silencio sea la parte antigua de Cáceres, declarada patrimonio mundial en 1986. Hay aquí una especie de recogimiento, de soledad, una forma de meditación. Por eso, uno prefiere pasear por ella al atardecer, siguiendo el rastro de las cigüeñas que regresan, viendo la luz que, cuando empieza a derrumbarse por Portugal, se torna dorada y rojiza como el resplandor de una hoguera.
javier belloso
Al llegar al paseo modernista de Cánovas, uno recuerda hasta qué punto Cáceres es una ciudad de la gente hecha para ser vivida a cualquier hora. Cánovas tiene un olor a jardín burgués y a flor de acacias, y es un rincón que cada crepúsculo muestra el color primaveral de una caña de cerveza. Hasta la Plaza Mayor, uno sigue paso a paso el hilo de Ariadna de nuestra época: el comercio. Pero el comercio aquí se deja seducir por los caserones decimonónicos, por los miradores y los ventanales. En San Juan todo se vuelve elegante y un poco mundano, como un turista fino, con ese erotismo de los hoteles, los restaurantes, las taperías y las tabernas. El Cáceres del XIX es un pueblo impresionista, castizo y aristocrático. Una calleja te lleva al hambre de la posguerra, otra al esplendor de la modernidad y sus movidas.
Mundos que se juntan todos en la Plaza Mayor como un juego de mestizajes culturales. La plaza aún conserva el recuerdo del mercado que fue y todo lo que se vive en ella año tras año: el WOMAD y sus músicas étnicas, las procesiones de Semana Santa, las noches de verano y sus terrazas junto a los soportales, mientras uno ve los movimientos de la luna sobre la muralla y los palacios renacentistas, y degusta la torta del Casar, la perdiz al modo de Alcántara, el mojo de tencas de Brozas y acompaña el biscuit de higos con un tinto de la tierra. Una gastronomía en la que se funde lo pastoril, lo tradicional y el refinamiento de los monasterios, algunos de cuyos platos serían llevados por las tropas francesas a las mesas de París.
La Puerta del Río, en Cáceres. / Getty

Puertas y rumores

Entrar en la ciudad vieja es algo más que entrar en un espacio físico, es un salto en el tiempo. No hay sobre ella una sola mirada. Las puertas del Arco de la Estrella o de Santa Ana son las más evidentes. Pero uno puede bajar hasta la iglesia de Santiago, recorrer toda la calle de Caleros y entrar por la romana Puerta del Río. Este es el sitio por el que, durante años, en mis paseos, yo he entrado en esta ciudad. Se oye el rumor del agua, se ven las huertas y los cañizales, se huele el té moruno de Los Siete Jardines. Después se sube por la Cuesta del Marqués con esa imagen de Cristo en lo alto del arco, las calles hacia la judería y la Casa-Museo Árabe, y se comprueba que toda nuestra civilización cabe en unos cientos de metros de empedrado.
Decía De Vigny que cuando vemos lo que es el hombre y la vida nos damos cuenta de que lo único grande es el silencio. La plaza de San Jorge, los Golfines de Abajo o la plaza de Santa María son tres poemas escritos con la arquitectura del silencio. Sus estéticas señalan una moral: que la belleza es el lugar donde la mirada descansa. Como ocurre al entrar en el Jardín de Ulloa, tan íntimo y sosegado. Al detenerse ante el gótico del palacio de los Solís, con ese escudo donde hay un sol con rostro humano y sus rayos mordidos por las furias. Al desviarse hacia la geometría de ladrillo de la Casa Mudéjar, hacia la hiedra de la Torre de Sande y llegar hasta la plaza de San Mateo. Es decir, que, después de las guerras, los odios y las sangres que por aquí se vertieron, hoy estos rincones nos enseñan que solo el arte perdura porque a veces nos acerca a la medida de nosotros mismos.
Con frecuencia, por la mañana temprano, la plaza de San Mateo huele a tocinillo de cielo, a cortaditos de cidra, a yemas, a mantecados, a corazones de almendra, la repostería que sale del horno de las hermanas clarisas en el convento de San Pablo. No se entendería bien la dimensión de toda esta belleza si no se entendiera esa labor humilde y exquisita de los dulces de los conventos cacereños. Porque en Cáceres la belleza empieza por el paladar.

Guía

Hay ciudades llenas de puntos de fuga. Los puntos de fuga en Cáceres hacen que, desde la ventana o el mirador de un palacio, lo que veamos no sean campos o sierras, sino cuadros; es decir, obras de arte. Eso ocurre de forma muy profunda cuando estamos en la plaza de las Veletas, cuando bajamos por los corredores hasta el aljibe. Cuando recorremos los adarves, cuando nos subimos a una torre y sentimos la inmensidad de la llanura como un lienzo pintado por un impresionista.
Hay demasiada vitalidad en esta tierra como para no sentirse contagiado por ella. Las calles de Cáceres empiezan en el pasado y terminan en el futuro, por eso son vividas con entusiasmo. Parafraseando a Borges, uno puede decir que, después de tantos años de pasearla, de vivirla y de pensarla, la belleza es frecuente aquí, y no pasa un día en que no veamos algún signo que nos acerca un poco más a su secreto.

Arco de la Estrella


Arco de la Estrella
El Arco de la Estrella, entrada tradicional a la Ciudad Monumental de Cáceres, vino a sustituir a la Puerta Nueva construcción del siglo XV. Une la Plaza Mayor con la Plaza de Santa María ambas centros neurálgicos de la ciudad durante siglos.
De estilo barroco, fue construido por Manuel de Larra Churriguera en el siglo XVIII sobre una construcción del siglo XV, es un arco rebajado de gran amplitud y en esviaje, hecho de esta forma para facilitar el paso de los carruajes a la Ciudad Monumental. Está construido mediante perforación de la muralla, que conserva su almenaje. En la parte posterior hay un templete en el que está la estatua de la Virgen de la Estrella que le da el nombre al arco. Está considerado como la puerta más importante de la Ciudad Monumental, ya que fue el lugar elegido por la Reina Católica para jurar los Fueros y privilegios en 1477, también en este mismo arco juró los Fueros a la ciudad el rey Fernando "El Católico" en 1479. También recibe el nombre de Puerta Nueva, por ser la última puerta construida en la muralla.
Recomendaciones: A esta imagen se confiaban los viajeros cuando salían de la ciudad y a ella agradecían la vuelta.

EL ALJIBE

Aljibe
Este aljibe hispano-árabe es uno de los restos que ha pervivido de la alcazaba militar almohade, ya que el edificio que lo alberga – el Palacio de las Veletas, actual Museo de Cáceres-, fue reestructurado en el siglo XV y remodelado en los siglos XVII y XVIII. Aún conserva agua. Este almacén de agua, que sigue recogiendo la lluvia que cae en el patio renacentista que lo cubre, es uno de los más grandes de su época, de ahí su espectacularidad, potenciada por la luz dorada que se vierte desde el cenit hacia las cinco naves compuestas por arcos de herradura.

Cáceres (Ciudades para el Siglo XXI)

La última región salvaje de Argentina

Visita a El Impenetrable, una zona perdida al norte del país, fue propiedad privada y ahora está a punto de convertirse en parque nacional
Ampliar foto Espátulas rosadas en El Impenetrable, en el norte de Argentina.
La historia del parque nacional El Impenetrable es difícil de imaginar fuera de Latinoamérica. Una narración que habla de una guerra por la conquista de una tierra indómita, a la que no en vano los españoles le pusieron ese nombre que evoca lo que se ve desde el aire cuando volamos en dirección a Castelli, el único lugar de la zona con una pista de tierra para aviones pequeños: un interminable bosque tupido cruzado por un solo río. No hay carreteras ni restos de presencia humana. Al bajar aún se entiende mejor: debajo de los árboles hay cactus y zarzas por todas partes. Todo corta. Una tierra dura que solo los indígenas wichis o qom lograban atravesar. Los conquistadores quedaban atrapados persiguiéndolos, morían al no encontrar agua. Por eso lo llamaron así. Un paraíso para osos hormigueros, yacarés, pumas, carpinchos (capibaras), ocelotes, tatú carreta (un armadillo de 1,5 metros), monos, zorros, guazunchos (un pequeño cérvido). El último lugar totalmente salvaje de Argentina.
La última región salvaje de Argentina
En la historia están todos los elementos del continente: naturaleza indómita, batalla descarnada por el territorio entre indígenas y blancos, un terrateniente dueño de todo y un misterioso asesinato. Buena parte de El Impenetrable, en el corazón del Chaco, una de las provincias más pobres e indígenas de Argentina, cerca de Paraguay, estaba en manos de una sola persona, como es habitual en Latinoamérica. Se llamaba Manuel Roseo. Tenía 75 años cuando fue torturado y asesinado vilmente por tres sicarios en 2011 junto a su cuñada, Nélida Bartolomé, probablemente porque se negaban a vender las tierras. Era el único propietario de La Fidelidad, una fastuosa finca de 250.000 metros cuadrados. Y no hacía nada con ella. En todo ese territorio solo tenía una pequeña estancia a la que iba de vez en cuando desde Castelli, donde vivía de forma humilde. Pero precisamente esa dejadez es la que ha convertido a El Impenetrable en una joya para la conservación de la naturaleza.
Manuel Roseo, el dueño del territorio, tenía 75 años cuando fue torturado y asesinado vilmente por unos sicarios
Roseo permitió, con su decisión de no explotar masivamente la finca para madera o cualquier otra industria, que se creara una reserva natural para todo tipo de animales. Cuando murió asesinado, la provincia del Chaco, apoyada por el Estado argentino, expropió La Fidelidad, que un día fue propiedad de Jorge Born, uno de los hombres más ricos de Argentina. “Mi padre la recorrió varias veces a caballo, durante días. Era tierra de indios. Su propósito era saber si había tierras cultivables. Pero descubrió que era prácticamente imposible combatir el vinal, una plaga arbórea. La zona era impenetrable por falta de caminos. Los caballos se hacían salvajes, por eso la vendió por un dólar la hectárea a los hermanos Roseo”, cuenta su hijo, Jorge Born II, que ahora tiene 80 años.
La provincia del Chaco ha convertido por ley La Fidelidad en un parque natural con el que pretenden recuperar, gracias a los turistas, la débil economía del Chaco y dar trabajo a la gente de la zona, entre ellos un grupo de wichis que malviven al borde del parque. Los herederos de Roseo pleitean para lograr más dinero por la expropiación, pero las sentencias caen del lado del Estado y el parque está a punto de ser una realidad y abrir sus puertas.
Vista aérea de El Impenetrable, en Argentina, zona que está a punto de convertirse en parque nacional. ampliar foto
Vista aérea de El Impenetrable, en Argentina, zona que está a punto de convertirse en parque nacional.
Adrián Contreras, responsable del plan general de El Impenetrable, que la provincia lleva adelante para recuperar esta zona y dar trabajo a sus habitantes, se entusiasma con las posibilidades de La Fidelidad mientras contempla su inmensidad desde el avión. “Está espectacular, completamente virgen. Roseo dejaba que entrara a pastar el ganado de los vecinos y ellos le hicieron de alambrado humano, protegieron la finca. Ya se pagaron 64 millones de pesos [4 millones de dólares] por la expropiación. Los herederos piden 1.000 [62 millones de dólares]. La decisión política es firme. El parque es una realidad, ya está declarado”, explica. “Se puede hacer avistamiento de animales en una navegación desde el río Bermejo. Vamos a hacer ocho postas, ya diseñadas, y un centro de interpretación”, cuenta.

Un mono carayá

Un paseo por la zona da idea de las posibilidades de este paraíso. Enseguida aparece en lo alto de los árboles un mono carayá con cuatro hembras. Acostumbrado a la soledad, muestra a los extraños que este es su territorio: defeca y orina desde las copas de los árboles para recordar quién manda ahí y expulsar a los intrusos. En el camino, una enorme anaconda amarilla o curiyú atraviesa la carretera y se hincha amenazante cuando se acercan los turistas. En una rama, un urutaú, también llamado pájaro fantasma, que imita los colores del árbol para camuflarse, aguarda completamente inmóvil la llegada de la noche.
Un oso hormiguero en El Impenetrable (Argentina). ampliar foto
Un oso hormiguero en El Impenetrable (Argentina).
Al borde de la entrada del parque vive Luciano Cango, pagado por la empresa Conservation Land Trust (CLT), del millonario dueño de North Face, Douglas Tompkins, fallecido en 2015 y propietario de enormes fincas en Argentina y Chile que compró para conservar la naturaleza. Luciano trabaja 22 días seguidos y descansa 8. Vive en una humilde tienda de campaña y solo tiene una misión: proteger esta tierra, evitar que los herederos o los furtivos vengan a cazar, a destruir esas 250.000 hectáreas. La empresa de Tompkins le paga para que vigile, para ocupar el territorio.
El último lugar totalmente salvaje de Argentina alberga yacarés, pumas, ocelotes, carpinchos y armadillos
Felipe Segundo, un indígena qom, tiene un trabajo similar. Pero él es guardaparque, depende del Estado, no de una empresa privada. Ahora cuida las tierras de sus ancestros, que poco a poco fueron desplazados por los blancos y acabaron encerrados en sus poblados sin nada que hacer. “Los nuestros viven ahora de los planes sociales, ya nadie quiere cazar ni nada parecido como antes. Algunos podemos salir a estudiar con la obligación de volver. Yo lo hice y estuve tres años en el pueblo. Ahora soy guardaparque y me gusta mi trabajo”, asegura.
Su jefe, Guillermo Lier, se entusiasma con el parque. “Es el último reducto del tatú carreta, un paraíso del tapir, del oso hormiguero”. Y cuenta que lo que más sorprende es saber que Roseo tenía ese enorme patrimonio y vivía como un peón, probablemente por miedo a que lo extorsionaran y por las deudas que acumulaba. “En el pueblo no sabían que era el dueño. El mecánico me contó que le regalaban las gomas [las ruedas de recambio] porque pensaban que era pobre”. La finca ahora expropiada pudo valer en su momento unos 250 millones de dólares, pero él se negó a vender.
Niños en una escuela en las cercanías de El Impenetrable, al norte de Argentina. ampliar foto
Niños en una escuela en las cercanías de El Impenetrable, al norte de Argentina.
Todos están entusiasmados con la llegada del parque. En estas tierras áridas y pobres el turismo es un maná. Raúl Palavecino, de Nueva Población, un pequeño pueblo al borde de la reserva, se ilusiona mientras habla bajo un enorme algarrobo: “Aquí no hay trabajo. El turismo puede resolverlo todo. El año pasado ya tuvimos 80 turistas. Con el parque serán muchos más”. Palavecino y su familia tiene varios kayaks preparados para que los viajeros puedan recorrer el río Bermejo y zonas acondicionadas para pasar un par de días en medio de la nada.
A las afueras del pueblo hay una comunidad wichi que vive en condiciones de pobreza. El Impenetrable, que ocupa parte del Chaco y Formosa, otra provincia muy pobre que limita con Paraguay, es el lugar donde con más frecuencia aparecen casos de muerte por desnutrición en Argentina. Casi siempre son indígenas. Eran nómadas, cazadores, se movían con libertad en estas tierras. Nunca se adaptaron al sedentarismo. Para ellos también el parque parece la última esperanza.
Una travesía en kayak por el río Bermejo, en El Impenetrable (Argentina). ampliar foto
Una travesía en kayak por el río Bermejo, en El Impenetrable (Argentina).

Atención turística

Julio Palacio, uno de los pocos wichis de este poblado que habla castellano, cree que es la única oportunidad. “Está bueno el parque. A ver si vienen más turistas porque aquí no hay trabajo. No tenemos vacas ni nada, somos wichis”, dice para explicar que su pueblo nunca se dedicará a la ganadería. “Las casas nos las da el Gobierno, pero no hay para todos. Muy pocos estudian porque somos wichis”, insiste. Desde la provincia les dan cursos de capacitación, a ellos y a otros vecinos de la zona, para que aprendan a atender a los turistas. Todo está listo para que la justicia conceda la autorización definitiva.
El parque nacional El Impenetrable, la gran joya argentina, el último reducto inexplorado, espera la llegada de turistas que buscan una experiencia difícil de imaginar en otras tierras más explotadas. Serán de momento 130.000 hectáreas de reserva —la otra parte de la finca está en Formosa, en manos desde 1995 del gobernador peronista Gildo Insfrán, que no tiene intención de hacer ningún parque—. El plan general, que pretende recuperar una de las zonas más pobres y aisladas del país, cambiará la historia de esta zona. Pero ya nunca dejará de ser impenetrable.

Guía

Información
El futuro parque nacional El Impenetrable se encuentra al noroeste de la provincia argentina del Chaco. La Armonía y Nueva Población son dos de los puntos de acceso principales.
Oficina de turismo del Chaco.

Los mejores viajes para amantes de la fotografía

Los circuitos fotográficos ganan adeptos y cuentan con agencias especializadas que ofrecen destinos exóticos y fotogénicos acompañados de profesionales de la imagen
Ampliar foto Caravana de camellos en el desierto del Sáhara (Marruecos). Agencia Phototravel
Fui a Marsella. Una pequeña renta me permitía costearme los gastos y trabajé con entusiasmo. Acababa de descubrir la Leica. Se transformó en la extensión de mis ojos y nunca me he separado de ella desde entonces. Merodeaba por las calles todo el día, tenso y preparado para brincar, resuelto a atrapar la vida, a preservarla en el acto de vivir. Ante todo, ansiaba apresar en los confines de una sola fotografía toda la esencia de alguna situación que estuviera desarrollándose frente a mis ojos.”. Así describía Henri Cartier-Bresson el oficio de fotógrafo, el arte de mirar a través de una cámara sumado al entusiasmo de encontrarse en un lugar desconocido, de ver el mundo de siempre desde la perspectiva de un decorado diferente por el que circulan personajes inéditos.
Registrar lo que nos ofrece un viaje es casi un deber para la gran mayoría; pero mientras para unos es solo una tarea más del arte de viajar, otros lo convierten en el eje principal de su aventura. Joan Dalmau, de Barcelona, mecánico y aficionado a la fotografía, siempre se desplaza con su cámara. Su idea de visitar otros lugares va irremediablemente unida a su afición por inmortalizarlos. Ha visitado ya varios destinos con la agencia barcelonesa Artisal Travel Photography, entre los que están Cuba, India, Islandia o Pripyat, la ciudad más cercana a Chernobyl, y uno de los lugares que más le han impresionado. “Produce una sensación de desasosiego muy impactante. Es la inmortalización del desastre -objetos congelados en ese preciso instante-, pero también de ese sentimiento apocalíptico que vive con nosotros”, cuenta Joan.
Parque de atracciones en Pripyat, cerca de la central de Chernóbil (Ucrania).
Parque de atracciones en Pripyat, cerca de la central de Chernóbil (Ucrania). Artisal Travel Photography
La mayoría de los que viajan con este fin tienen, como los fotógrafos, sus temáticas favoritas. Las de Dalmau son los paisajes con huella humana y los retratos. “Me gusta hablar con la gente y, como trabajo con gran angular, tengo que estar cerca para que la foto salga bien”. Una consigna que ya había apuntado Robert Capa: “si tus fotografías no son buenas es porque no te acercaste lo suficiente”.
Artisal Travel Photography nació hace ocho años, de la mano de Artur Isal y Ruth Estellers, y en sus viajes siempre hay un fotógrafo profesional, especializado en el país de destino, que hace de guía y da soporte técnico y moral a los viajeros, que suelen formar grupos de entre tres y ocho personas. “Acabamos siendo una gran familia”, dice Isal, “y la gente suele repetir porque, además, tenemos rutas alternativas, pensadas y creadas para nosotros. Tratamos por todos los medios de constituir un grupo lo menos contaminante posible, a nivel visual. En el polo opuesto al de los turistas japoneses. Y, por supuesto, si se trata de fotografía antropológica o costumbrista, tratamos de ser humildes, molestar lo menos posible y pedir siempre permiso para sacar un retrato”.
Los destinos estrella de Artisal son Cuba, India, Japón, Estados Unidos, Etiopía, Sri Lanka y Madagascar, y los precios de sus rutas varían hasta un máximo de 2.500 € (sin vuelo) para una estancia de 15 días a la patria de los lémures, uno de sus viajes más caros.

Del valle de Ambroz a los suburbios londinenses

La agencia Phototravel, en Madrid, está también especializada en este tipo de viajes. Según Gonzalo Sáenz de Santamaría, su director, “buscamos lugares al margen de la cultura occidental, con un especial interés socio cultural, porque creemos que una buena foto debe ser algo más que una imagen estéticamente bella, debe tener un cierto contenido. Pero en la elección de los destinos influyen también nuestros viajeros. Este año, por ejemplo, incorporamos Birmania por petición popular”.
Estación de tren en Varanasi (India). ampliar foto
Estación de tren en Varanasi (India). Agencia Phototravel
Fernando Esteban, profesor de Torrelavega (Cantabria) ha viajado varias veces con Phototravel a India, uno de sus lugares favoritos, “es el país más fotogénico que conozco, cualquier escena es una foto. La intensidad de los colores, la gente. India es como un gran museo humano”. Visitar el país de los maharajás con esta agencia ronda los 795 euros (11 días), mientras que Marruecos sale por 474 euros (en ambos casos sin vuelo). Los destinos nacionales se reducen, en Phototravel, a escapadas de fin de semana. Entre ellas, los cerezos en flor del Valle del Ambroz, en Cáceres, (75 euros) o recorrer la parte más desconocida y curiosa de Sevilla (90 euros), e ambos casos con hotel y desayuno incluidos.
La agencia, según Sáenz de Santamaría, “huye de los circuitos turísticos. Nos desplazamos, siempre que podemos, en transporte público y trabajamos con negocios, hoteles y gente local. En el desierto del Sáhara nuestros guías son bereberes, vamos en camello y dormimos en jaimas”.
Vista del 'skyline' de Londres al atardecer. ampliar foto
Vista del 'skyline' de Londres al atardecer. Getty
Las grandes urbes son también lugares pintorescos, laboratorios en los que se pone a prueba la resistencia humana, escaparates de las luces y sombras de la civilización. Londres es el eje de Hairy Goat, agencia que organiza tours fotográficos por la ciudad del Támesis con temática variada. En ellos se mezclan la historia con enclaves desconocidos y misteriosos, perfectos para retratar de forma diferente esta metrópolis que rezuma tópicos. Según Corinna, fundadora y alma de la agencia, el valor fotográfico de la capital inglesa reside en que “es dinámica, cambia constantemente, mezcla lo viejo y lo nuevo, está llena de gente procedente de todos los caminos de la vida y tolera bastante bien a los fotógrafos”. La carta de Hairy Goat incluye delicias como los Mistery Tours (58 euros) o los Nights Tours (98 euros), aunque también cuentan con rutas personalizadas y privadas, con la asistencia de un fotógrafo profesional (301 euros).

Para bolsillos pudientes y almas sibaritas

Antiguamente viajar era una afición para ricos, para personas con abundante tiempo libre o para expedicionarios sibaritas que convertían la tarea de desplazarse por el mundo en todo un arte de cuidada estética. La naviera de lujo Silversea recrea de alguna forma aquel mundo en sus Silversea Expeditions, cruceros fotográficos pensados especialmente para los que no salen de casa sin su cámara. Según Tina Kirfel, directora de la firma en Europa, Oriente Medio y África, “el criterio de elección de los destinos se basa en localizar los paisajes más pintorescos, la máxima expresión de belleza que la naturaleza pueda ofrecernos sin olvidar el interés cultural y de ocio de los lugares a visitar”.
Un crucero de Silversea en Castle Bay, en Alaska. ampliar foto
Un crucero de Silversea en Castle Bay, en Alaska.
Las cuatro rutas que ofrece esta compañía a los aficionados a la cámara van desde un viaje de 14 días por las indias occidentales (India y Tailandia), con clases de yoga incluidas, hasta recorrer las costas de Alaska fotografiando osos, pingüinos y ballenas, un crucero por la costa occidental africana y otro por el lejano oriente ruso, zarpando desde Otaru (Japón). Los precios para desplazamientos de entre 14 y 18 días van desde los 10.000 a los 20.000 euros por persona pero, además, hay que reservar con la mayor antelación posible ya que algunas rutas están muy demandadas.
Cuando no se está fotografiando el terreno en el exterior del barco, la vida a bordo es digna de un hotel de cinco estrellas, con servicio de mayordomo, sábanas de hilo, baños de mármol o carta de almohadas. Pero en este tipo de viajes se realizan también talleres y ponencias de fotografía. Según Kirfel, “en todas nuestras expediciones incluimos a expertos fotógrafos, como la neozelandesa Aliscia Young o el brasileño Bruno Cazarini. Ellos acompañan a los viajeros a tomar fotos, les dan consejos sobre el terreno, de vuelta a bordo, les ayudan a revisar y editar el material”.

Diez cosas que puedes hacer en la nieve si no te gusta esquiar

De las motos de nieve a una excurisón en raquetas, maneras de disfrutar de la nieve sin necesidad de ponerse los esquís
Excursión en motos de nieve.
Tras los temporales de principios de año, buena parte de las montañas de la Península están rebosantes de nieve. Sierra Nevada y numerosas estaciones del Pirineo superan los dos metros en sus cotas más altas. Con tanta abundancia, no solo las pistas se han podido abrir en su totalidad sino también multitud de servicios y entretenimientos complementarios. Trineos en todas sus modalidades, paseos con raquetas y en máquinas pisa-pistas, motos de nieve, buceo bajo hielo… Aquí va una relación de diez de los más divertidos para quienes quieran disfrutar de la nieve sin calzarse unos esquís.
Snake gliss en La Molina.

1 Snake gliss

El snake gliss es una serpiente multicolor que empezó a deslizarse por las montañas alpinas y ha acabado llegando hasta las españolas. Básicamente es un tren articulado de pequeños trineos unidos entre si, conducido por un monitor y al que se suben en torno a diez personas, según modelos. Los pasajeros solo tienen que preocuparse de sujetarse bien para no acabar rodando por la nieve cuando el ingenio coge velocidad y empieza a hacer giros ladera abajo imitando el movimiento sinuoso de una serpiente (de ahí su nombre). Los útimos puestos son los más divertidos porque es ahí en donde los virajes se convierten en suaves latigazos. En centros invernales como La Norma, en Francia, se hacen bajadas de hasta 8 kilómetros de longitud y 650 metros de desnivel. Toda una experiencia.
En España son las estaciones del Pirineo catalán, sobre todo, las que ofrecen este divertimento, aunque con dimensiones más modestas. Lo hay, por ejemplo, en La Molina (Girona), en la zona de Comella, para un máximo de doce personas y a partir de tres años. Cuesta 14,50 euros; 19,5 si se utiliza el telesilla para la subida (972 89 27 17). También lo encontramos en Port del Comte (Lérida), más barato, 12 euros durante una hora y media.
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Tubing en Sierra Nevada.

2 Tubing

En los folletos lo encontramos escrito de muchas maneras: tubbies, tubbys, roscos, flotadores y hasta donuts; diferentes términos para una misma cosa: cámaras neumáticas en las que introducirse, agarrarse a los bordes y dejar que la inercia, el deslizamiento y las leyes de la física en general nos lleven a donde buenamente quieran, dentro de unos límites claro; bien girando sobre nosotros mismos, dando bandazos de un lado a otro o trazando una recta perfecta. Y lo que tal vez es más divertido, sin posibilidad alguna de controlar ni la dirección ni la velocidad. No obstante, no es una experiencia para locos; al contrario, es muy apropiada para niños porque el rosco no se puede salir de las paredes artificiales o de nieve de la instalación. Hay dos clases de pistas para este invento: una artificial, en la que los neumáticos se deslizan por una alfombra sintética, y otra de nieve con curvas que simulan un slalom.
De este último tipo son, precisamente, las que hay en Sierra Nevada (Granada); son varias calles construidas en la nieve y con pendiente fuerte. Están en Borreguiles, abiertas de 11.00 a 16.00 horas y para subir los no esquiadores deben adquirir un forfait específico. Se admiten niños a partir de 5 años y el precio es de 10 euros por 30 minutos (902 708 090). En Vallter 2000 (Girona) hay una también una zona especial para tubbys equipada con una cinta transportadora para la subida; tiene varios pasillos formados igualmente con nieve y está abierto fines de semana y festivos. Se admiten niños a partir de 6 años acompañados; el casco es obligatorio para menores de 12. Precio, 10 euros. En La Molina tienen dos pistas, una artificial y otra de nieve (2 bajadas, 3 euros; 12, 15 euros). Instalaciones similares encontramos en Vall de Núria (Girona) y Espot Esqui (Lleida).
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Bajas nocturnas en trineo en Fomigal.

3 Trineos

Deslizarse por la nieve a lomos de un trineo es seguramente una de las primeras cosas que se le ocurrió al hombre en zonas frías como forma de desplazamiento o de arrastre de carga. Y después como diversión. Es una de las actividades más populares en las estaciones españoles porque es barata, requiere poca infraestructura y casi ningún mantenimiento. De entre todas las ofertas la más singular la hemos encontrado en Formigal (Huesca). Cuando cae el sol y los esquiadores se retiran es el momento de acercarse a la zona de Sextas, en la base de la estación, y tomar el telesilla Sallent para subir hasta Cantal. Antes de iniciar la bajada es posible cenar en un restaurante italiano, en plena montaña, para coger fuerzas. Después, reparto de trineos –clásicos, de madera- algunas breves indicaciones del instructor y a disfrutar de una bajada de dos kilómetros y medio por la pista Río, iluminada. Conviene ir bien abrigado y llevar unas botas après ski o de montaña porque las utilizaremos para frenar. Casco, recomendable. Se puede hacer los jueves y sábados y cuesta 32 euros por persona (42 si se incluye la cena). Los menores de 16 años han de ir acompañados de adultos y se requiere formar un grupo mínimo de 35 personas (reservas, 974 49 82 82)
La Molina tiene dos pistas para trineos; una en Pista Llarga, equipada con una cinta transportadora de 165 metros de longitud y equipamiento de seguridad, y otra en Coll Sisé. Se puede usar material trineo propio o de alquiler. Están abiertas todos los días de 9.00 a 17.00 y el precio es 2 euros por dos bajadas o 10 por doce. Sierra Nevada también ha habilitado espacios específicos esta temporada en el Ramal del telesilla Jara y en Pradollano; se pueden utilizar todos los días de 10.00 a 16.45, sin límite de edad y cuesta 5 euros con trineo propio o 10 si es alquilado.
Moto de nieve infantil en Sierra Nevada.

4 Motos de nieve

Para muchos, ruido de motor y naturaleza son dos cosas incompatibles; sin embargo, las motos de nieve se han vuelto imprescindibles en las estaciones como herramienta de trabajo para los empleados y también como objeto de diversión fuera de las pistas. Quienes gustan de ellas, valoran la posibilidad de acceder a zonas que de otro modo no podrían llegar, la sensación de libertad que proporcionan y la emoción que produce deslizarse con velocidad por enormes extensiones blancas.
En el valle de la Partacua, Tena, Pirineo de Huesca, encontramos una de las mejoras zonas para su práctica. Por encima de los bosques que rodean el pueblo de Tramacastilla se extiende un inmenso plató al pie del pico Peña Telera con kilómetros de pistas nevadas. Aquí nos proponen excursiones de hasta 30 kilómetros con comida o cena en un refugio a 2.000 metros de altura, si se desea, o incluso la posibilidad de pasar la noche en un iglú. Quienes busquen emociones extremas pueden contratar una moto de 150 caballos con un guía experto para afrontar subidas y bajadas de fuertes inclinación o recorridos por nieve virgen. Los precios son muy variados. Una hora en moto biplaza con comida cuesta 75 euros por persona; dos horas nocturnas en moto biplaza con cena en refugio, 170 euros por persona (TenaPark, 693 69 55 80).
En Cerler (Huesca) en la zona del Ampriu hay un circuito de siete kilómetros con huella pisada idóneo para iniciarse en este deporte y está disponible a partir de 14 años. Treinta minutos cuestan 45 euros por persona, 60 si son dos. Hay también excursiones nocturnas (678 404 545). Servicios similares se pueden encontrar en La Molina, Baqueira Beret (Lleida) y Sierra Nevada. En ésta última disponen de motos para niños de 5 a 12 años en un circuito cerrado de 70 metros de longitud junto al telesilla Jara; 8 minutos, 10 euros.
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Excursión en raquetas de nieve en Vall de Boí. Vall de Boí

5 Raquetas

En muchos pueblos de montaña, en restaurantes, hoteles o incluso casas particulares –y por supuesto, en museos- aún se pueden ver colgadas en las paredes antiguas raquetas de madera, enormes y pesadas, que en su día fueron utilizadas por pastores o contrabandistas para caminar por la nieve sin hundirse camino de los puertos. Hoy, esos armatostes han evolucionado hasta convertirse en elementos cómodos y ligeros que facilitan la caminata por la montaña. Se pueden alquilar y contratar los servicios de un guía si se desea en muchas estaciones.
Un lugar privilegiado es el valle de Boí, a las puertas del parque nacional de Aigüestortes en Lleida. Aquí hay muchos itinerarios posibles según la exigencia de cada cual; uno de los más atractivos es el que llega hasta el Estany Llong desde el Puente de La Molina o desde el Planell de Aigüestortes. Se pueden contratar excursiones todos los sábados de 9.30 a 14.00, desde 40 euros, en info@guiesmuntanyataull.com y 696 084 852.
En Port Ainé (Lleida) se puede hacer un recorrido circular de 1,5 kilómetros y unas dos horas de duración por el parque natural del Alto Pirineo con un guía oficial que nos descubrirá la fauna y los hermosos bosques de pino negro; adultos, 15 euros; menores de 12 años, 12 (973 627 614). Llegar a lo más alto de La Molina, la Tosa d’Alp a 2.527 metros, con raquetas y sin gran esfuerzo es posible gracias a la excusión que combina el telecabina Alp 2500 y una fácil caminata hasta el refugio del Niu de l’Àliga. El precio, 35 euros, incluye el remonte de subida y bajada, el guía, el material y una bebida caliente en el refugio. Actividades similares se pueden encontrar también en Vallter 2000 y Sierra Nevada entre otras estaciones.
Buceo bajo el hielo en Port Aine.

6 Buceo bajo hielo

Durante el invierno, la vida en la montaña queda dormida; también bajo el agua en los lagos. Y, sin embargo, hay todo un mundo por descubrir ahí. Quienes lo practican, aseguran que bucear bajo el hielo no es sinónimo de pasar frío y eso que el agua ronda los cero grados. El lago del Jabalí, en Port Ainé, a 2.200 metros de altitud, es un buen sitio para descubrirlo.
La aventura comienza cuando la motosierra empieza a rugir para cortar la capa de hielo y hacer un agujero que permita la inmersión. Para un bautismo en este deporte no hace falta experiencia previa; la organización facilita todo el material necesario incluido un tarje seco que normalmente aisla el cuerpo del agua a excepción de la cara y las manos. Los buceadores novatos bajan acompañados de dos personas que cuidan de él. Hay inmersiones más completas para quienes dominan este deporte. Los precios varían entre los 115 y los 160 euros (629 732 794 y www.divingancombat.com) Vall de Nùria ofrece también esta actividad (972 732 020)
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Paseo en trineo tirado por perros de la empresa Montgarri, en Baqueira.

7 Trineo con perros

Cisca, Lama , Paprika, Brenda son los nombres de algunos de los preciosos huskies que todos los días de buen tiempo juegan sobre la nieve en el inmenso llano del Pla de Beret, en Baqueira. Viéndolos así, relativamente pequeños y simpáticos, parece casi mentira que puedan tirar con tanta fuerza y destreza de un pesado trineo con hasta cinco personas a bordo. Pero son verdaderos atletas habituados a soportar las bajas temperaturas del invierno en la montaña y el esfuerzo que les pide el musher.
Dejándose llevar por estos animales, escuchando el crujir de la nieve bajo los patines y sintiendo el frío y el viento en la cara cualquiera se siente explorador. Para tener una primera experiencia seguramente basta con un recorrido inicial de 3,5 kilómetros desde el Pla hasta la entrada del bosque. Cuesta 45 euros por persona, 25 para menores de 10 años. Pero hay opciones más completas; por ejemplo seguir la Senda de los Osos a lo largo del río que baja hacia el pueblo abandonado de Montgarri (95 euros, adultos; 50, niños), llegar de noche hasta este mismo pueblo con cena incluida en el refugio (14 kilómetros, 190 euros adultos; 90, niños) o seguir un curso acelerado de conducción de trineos por 100 euros (www.montgarri.com y 616 772 15)
En el Ampriu, Cerler, todos los días de 10.30 a 15.30 el musher Jaime ofrece la posibilidad de tener un acercamiento de unos 20 minutos a este deporte por 18 euros por persona; los menores de cuatro años se montan gratis con un adulto (638 332 859 y 974 551 012). Experiencias similares se pueden contratar en la Partacua, valle de Tena, y en Sierra Nevada y Puerto de la Ragua (Granada) (677 374 310 y www.benarrum.com)
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Atracción del parque Mirlo Blanco, en Sierra Nevada. Sierra Nevada

8 Trineo ruso

No hay nada semejante a esto en ninguna otra estación española y definirlo no resulta fácil. Digamos que es lo más parecido a una montaña rusa en mitad de la nieve; es la atracción estrella del parque Mirlo Blanco en Pradollano, Sierra Nevada. Es una instalación de raíles y trineos con 250 metros de subida y 550 de bajada que incluye rectas, curvas peraltadas y badenes sobre los que el vehículo puede llegar a alcanzar los 40 kilómetros por hora. Para utilizarlo no hace falta ninguna experiencia previa; la velocidad puede ser controlada en todo momento por las personas que viajan a bordo y el trineo está anclado a la vía. Los niños deben utilizarlo acompañados por un adulto. El parque incluye además una pista artificial de tubbys, toboganes y castillos hinchables. Una hora en el parque con acceso a todas las instalaciones más una subida en el trineo ruso cuesta 23,20 euros (902 708 090).
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Excursión en máquinas pisa-pistas en Sierra Nevada.

9 Máquinas pisa-pistas

Hasta hace poco tiempo, las máquinas que preparan las pistas en todas las estaciones de esquí eran solo una herramienta de trabajo aunque causaban fascinación entre los aficionados por las enormes orugas que les permiten remontar la montaña y los potentes focos que iluminan la nieve cada noche, a veces en condiciones extremas de frío y visibilidad.
De un tiempo a esta parte, los centros invernales se han dado cuenta de que pueden ser también una fuente de ingresos y han empezado a ofrecer a sus clientes la posibilidad de viajar a bordo de ellas; bien para dar un simple paseo, volver a la montaña cuando la jornada de esquí se ha terminado o comprobar in situ cómo se trabaja la nieve.
Una de las experiencias más fascinantes en este sentido se puede tener en Sierra Nevada. La estación granadina ofrece subir al pico Veleta (3.398 metros, el segundo más alto de la Península) desde Pradollano. La excursión dura unas dos horas en grupo de 10 personas mínimo y 20 máximo. En lo alto, se toma un aperitivo casero mientras se disfruta de espectaculares vistas de Granada iluminada y de la Costa Tropical y almeriense. Precio, 55 euros por persona. También es posible hacer un pequeño curso de conducción de una de estos vehículos de 600 caballos de potencia por 175 euros la hora; horario según disponibilidad y previa reserva.
La estación de Tavascán (Girona) dispone de una máquina pisa-pistas con capacidad para ocho personas con la que realizar paseos por zonas de especial interés natural como el Mirador del Corbiu; un guía especializado explica la visita, lo que aporta un valor añadido a la experiencia. Se hace bajo petición, a partir de las cuatro de la tarde (estacio@tavascan.net).
También La Molina pone a disposición de sus clientes una de estas máquinas para recorrer la estación. Se hace cada día y el itinerario varía en función de las condiciones de la nieve; en todo caso la salida es siempre desde el telesilla Cap de Comella. Adulto, 25 euros; niños hasta 6 años, 10 euros, y mayores de esa edad, 20. En esta estación de la Cerdanya también utilizan las máquinas para llevar clientes a cenar al refugio Niu de l’Àliga a 2.500 metros desde la salida del telecabina Alp 2500. La bajada puede hacerse de la misma manera o esquiando quienes se atrevan. Remonte más transporte hasta el refugio, 10 euros por persona o 5 euros si se tiene forfait. Cena aparte.
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Cartel informativo sobre aludes en La Molina.

10 Rescate en aludes

Es poco frecuente que los aludes invadan las pistas de esquí gracias al trabajo preventivo que se hace en todas ellas y a las medidas de seguridad y también de responsabilidad que se pide a los esquiadores. Pero quienes frecuentan la montaña en invierno saben que las avalanchas son un riesgo real y muy peligroso especialmente para quienes se aventuran fuera de pista.
En algunos centros se han puesto de moda campos expresamente preparados para aprender a rescatar a personas atrapadas bajo la nieve. En Tavascan disponen de una zona acotada de 70 por 50 metros a 2.250 metros de altura en donde se enseña a manejar los dispositivos conocidos como DVA (detectores de víctimas de avalancha) que son imprescindibles cuando se transita por montaña abierta. Se trata de encontrar los dispositivos de emisión enterrados permanentemente bajo la nieve con los DVA y utilizar después la sonda para localizar el dispositivo (reserva en las oficinas de la estación o a través de estacio@tavascan.net). También La Molina tiene un parque ARVA con el mismo objetivo; se aprende el manejo de los aparatos y otros conocimientos necesarios para actuar con eficacia en caso de avalanchas. La actividad se recomienda a partir de 12 años (info@parcarva.com o 972 892 031)

Cuando el destino es una sorpresa

Varias agencias ofrecen escapadas cuyo itinerario solo es revelado al viajero un día antes o incluso en el mismo aeropuerto


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Getty
En la era digital cualquiera puede comprar un vuelo a cualquier parte del mundo en solo quince minutos; reservar un hotel tras haber hecho una pequeña investigación en la red sobre el nivel de satisfacción de sus usuarios, y hasta hablar con algún habitante del país que se va a visitar para que le cuente lo que merece o no la pena hacer. Los grandes tour operadores consiguen precios muy bajos mientras que las pequeñas agencias de viajes intentan sobrevivir con todos los trucos posibles.
En un intento por reinventarse, algunas de ellas se han lanzado a los viajes sorpresa. Es decir, aquellos en los que uno no sabe cuál es su destino hasta un día antes de partir o, incluso, al llegar al mismo aeropuerto. Ese misterio marca la diferencia y hace imprescindible la labor de la agencia. Algo que antes se veía como un hándicap, la falta de información, ahora adquiere toda su fuerza y misterio. Si a esto le añadimos precios asequibles habremos dado en el clavo.
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Puesto de lámparas en un zoco de Marraquech, en Marruecos. Getty
Waynabox es una de estas agencias. Nació en Barcelona, en marzo del 2015, y ofrece escapadas de tres días a 39 ciudades europeas (de Lisboa a Viena, y de Copenhague a Turín) y tres en Marruecos (Casablanca, Tánger y Marraquech) por 150 euros por persona (vuelo y hotel incluidos). La mecánica es sencilla: hay que entrar en la página, elegir el aeropuerto de salida (de momento, las posibilidades en España son Madrid, Barcelona, Málaga o Alicante) y el número de personas dispuestas a viajar. “Enseguida aparecen 12 destinos posibles de los que se puede descartar uno de forma gratuita. Se pueden seguir eliminando ciudades, hasta un total de nueve, pero cada descarte cuesta cinco euros más”, apunta Natàlia Capdevila, social media mánager y responsable de prensa de la empresa. Dos días antes del viaje, Waynabox notifica el destino final entre las ciudades no descartadas y proporciona a los viajeros las reservas así como una pequeña guía de viajes, elaborada por la propia empresa, con recomendaciones sobre lugares para visitar y cosas para hacer.
La agencia rehúye el término low cost. “No organizamos viajes en el último momento”, subraya Capdevila, “y nuestras bajas tarifas se derivan de los acuerdos que hacemos con las líneas aéreas y los hoteles, que son de tres a cinco estrellas. 150 euros es nuestro precio base, aunque en el caso de algunas ciudades puede subir hasta los 200 euros por persona”. “Aunque el concepto de viajar sin un destino determinado se asocie a un público joven y la mayor parte de nuestros clientes oscilen entre los 25 y los 35 años, tenemos viajeros de todas las edades. Gente que quiere romper la rutina diaria con un viaje al que se le añade el ingrediente extra de la sorpresa”, comenta Capdevila.

Incertidumbre, pero en pequeñas dosis

La mayoría de las agencias especializadas en este tipo de fórmulas se centran en escapadas de pocos días. Es el caso de la norteamericana Pack Up+Go y la británica Surprise Trips. Según Milou Van Roon, cofundadora de ésta última, con sede en Londres, “la mayor parte de la gente no puede dejar en manos de otros la organización de unas vacaciones más largas, ya que entran en juego factores como coger días libres en el trabajo, buscar canguro para los niños o manejar presupuestos más elevados. Es quizás algo que hay que pensar más detenidamente, pero mucha gente se apuntaría a tres días de sorpresa y aventuras. Existen agencias de este tipo que se especializan en viajes más largos pero, de momento, nosotros no tenemos planes de contemplar ese campo”.
La planificación de un viaje es para muchos uno de los momentos más excitantes del mismo pero, como apunta Van Roon, “para otros puede resultar estresante. Especialmente si es un grupo y la gente no se pone de acuerdo sobre el destino. Lo que más valoran nuestros clientes es que ofrecemos una experiencia diferente. ¿Cuanta gente ha ido alguna vez al aeropuerto sin tener ni idea del destino al que va a volar? Es algo excitante y uno tiene que estar dispuesto a dejarse llevar, aunque informamos a nuestros clientes de la climatología para que puedan hacer correctamente sus maletas”.
Comedor del Canalla Bistro, en el barrio de Ruzafa, en Valencia.
La empresa española Desafío Enigmático también incluye el factor sorpresa pero no en el destino, sino en un misterioso juego detectivesco que los viajeros deberán desentrañar durante su estancia de fin de semana en alguna de estas cuatro ciudades: Madrid, Barcelona, Valencia o Toledo. Los precios de sus escapadas oscilan entre 109 y 139 euros por persona y noche, e incluyen comidas, alojamiento, juegos y espectáculos. “La mayoría de nuestros clientes son grupos, como incentivos de empresa o despedidas de soltero, aunque también vienen parejas. Es una experiencia que se presta más a ser compartida con otros, como un juego en equipo que te va dando pistas para ir a lugares e ir desentrañando el misterio”, apunta Nacho Rodríguez, director comercial de la compañía.
Para muchos, subirse a un avión, tren o autobús y encaminarse a un lugar desconocido es suficiente aventura. Otros quizás buscan un punto intermedio entre el turista al que la agencia se lo da todo hecho y el viajero desvalido, expuesto a su suerte. Una sorpresa controlada, con un tiempo de duración limitado y en la que lo peor que puede pasar es que Zúrich sea mucho más frío de lo que nuestra maleta había previsto.

Caireles, a un paso de la mezquita

Un hotel para tocar con la punta de los dedos el monumento emblemático cordobés

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Habitación del hotel Caireles, en Córdoba.
Señala el diccionario que un cairel es toda aquella guarnición que cuelga de una cosa, bien sean las hebras de seda fijadoras de una cabellera postiza, las cuentas de cristal en los candelabros o los flecos de una falda que revolotean al aire cuando pasa una mujer cordobesa.
Puntuación: 6
Arquitectura 6
Decoración 7
Estado de conservación 8
Confortabilidad habitaciones 6
Aseos 6
Ambiente 5
Desayuno 5
Atención 8
Tranquilidad 6
Instalaciones 4
No hay otro hotel en Córdoba situado más cerca de la entrada al monumento estrella, la mezquita catedral, aparte del tradicional Maimónides y el también singular Los Patios. Entre medias se encuentra El Caballo Rojo, que tuvo sus décadas de gloria y sigue siendo el restaurante más deseado por el turismo internacional.
Remozado por el equipo de decoración Intea, autores de la rehabilitación de 82 establecimientos hoteleros, muchos en Andalucía, el hotel Caireles ocupa un edificio residencial con algunas décadas ya a sus espaldas. El muro norte de la aljama ciega parte de sus vistas a ras de calle e incluso en el primer piso del hotel, por lo que es recomendable reservar las habitaciones de la segunda planta, a fin de asegurarse la mejor panorámica del cimborrio y el cielo de palmeras que se eleva sobre el patio de los naranjos. Estos dormitorios guardan, además, una distancia prudente con el jolgorio de la noche cordobesa en los diversos mesones de la calle, especialmente concurridos durante el verano.
Comedor de desayunos del hotel Caireles, en Córdoba.
Salvo por la bondad del zumo de naranja, el desayuno puede decepcionar a la clientela más exigente de tan simple que es y de lo exiguo del espacio en el que se ofrece, bajo los peldaños minimalistas de la escalera. No hay más zonas comunes que esa y una futura terraza que podría habilitarse en la azotea. El resto son habitaciones de corte igualmente rectilíneo, dotadas de un mobiliario funcional, baños abiertos a la alcoba y camas satisfactoriamente ergonómicas, con colchones de relleno hipoalergénico y una sugestiva carta de almohadas. A destacar como cabeceros unos bajorrelieves alegóricos a los arabescos de la mezquita y que se pueden encontrar en la azulejaría de tantos patios cordobeses.
Caireles, en este caso, no es un adorno. Es el refajo de una cama confortable, una buena ducha y un servicio amable y eficaz, desde la recepción hasta la limpieza. El necesario refajo que abrigue nuestros sueños monumentales después de una agotadora jornada de paseo y compras por la judería de Córdoba.

Caireles

  • Categoría oficial: 2 estrellas.
  • Dirección: Cardenal Herrero, 12. Córdoba.
  • Teléfono: +34 957 49 65 61.
  • Web: ­ www.hotelcaireles.es
  • Instalaciones: sala de desayunos.
  • Habitaciones: 1 individual, 8 dobles.
  • Servicios: algunas habitaciones adaptadas para discapacitados; animales domésticos prohibidos.
  • Precios: desde 67 euros la habitación doble, IVA incluido; desayuno, 5 euros, IVA incluido.