Relax en el Valle blanco del Jerte

La cita anual de la floración en el Valle del Jerte se aproxima y es la excusa perfecta para escaparse un fin de semana y realizar un poco de turismo activo

El Valle del Jerte (Extremadura), también conocido como el Valle de la Cereza, toma su fama de estos frutos que tienen Denominación de Origen. Los pueblos que componen el valle: Tornavacas, Jerte, Cabezuela del Valle, Navaconcejo, Piornal, Rebollar, Valdastillas, Cabrero, Casas del Castañar, Barrado, entre otros, se sitúan en la Sierra de Gredos entre dos grandes estribaciones montañosas. Su paisaje se compone de cientos de cerezos, cascadas y chozos en los que se refugiaban los pastores hace décadas. El eje central del valle es el río Jerte del que parece emerger toda la flora y la fauna que completan este paisaje.
Floración de los cerezos
Este año está previsto que la floración se produzca en las últimas semanas de marzo y primeras de abril, aunque no se sabe con exactitud hasta 15 días antes de que comience, todo depende de las temperaturas de cada año. Lo más útil es informarse en la Oficina de Turismo del Valle del Jerte. Las flores inundan las ramas de los cerezos y los pequeños pétalos tiñen de blanco el paisaje cacereño. Lo más recomendable para apreciar este fenómeno es recorrer los pueblos que componen el Valle del Jerte. Existe una ruta circular para ver la floración, es recomendable hacerla en coche y en ella se recorren: Valdastillas, Piornal, Barrado, Cabrero, Casas del Castañar, El Torno y Rebollar. La otra ruta es lineal y paralela al río Jerte por la N-110 y pasa por: Navaconcejo, Cabezuela del Valle, Jerte, Tornavacas y Puerto de Tornavacas.
Senderismo por el Valle del Jerte
El 27 de marzo está programada la II Marcha senderista del cerezo en flor. Aproximadamente son seis horas de ruta en la que se recorren 20 kilómetros. Este año como novedad será circular para evitar la vuelta en transporte. El inicio y fin es en Tornavacas y se recorren lugares tan singulares como la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos y la zona de los Pilones. Para realizar la marcha es necesario inscripción previa. (Tel. 927 472558).
Existen otras rutas senderistas que se pueden realizar durante todo el año y que están bien señalizadas en el campo. Destaca la ruta de Carlos V, que parte de Tornavacas y llega a Jarandilla de la Vera son unos 28 kilómetros y se realiza en ocho horas. Se intenta recrear el camino que siguió este monarca en su retiro al Monasterio de Yuste. La ruta de la Ermita es circular, comienza y acaba en Tornavacas, se estima que se realiza en poco más de una hora, se observan castañares y las ruinas de Santa María Magdalena. La oficina de turismo de la Mancomunidad del Valle del Jerte facilita información más detallada sobre estas y otras rutas.
Otra forma de completar el fin de semana de relax y tranquilidad en el entorno blanco del Valle del Jerte es pasear entre los cerezos a caballo. Existen dos empresas que ofertan esta actividad. En el Picadero Los Pilones se pueden contratar una ruta en la que se sube a la zona de las piscinas naturales. Por su parte, Picadero Montero tiene una atractivo recorrido nocturno por el valle.
En familia
Además de las rutas, los niños pueden divertirse en el Parque de Aventura Valle del Jerte. Existen tres circuitos: uno específico para niños, otro para toda la familia yel último para los más "intrépidos". El circuito verde está destinado a niños de 4 a 7 años y en el pueden ir de árbol en árbol sin pisar el suelo gracias a puentes tibetanos, tirolinas, redes y otros elementos de diversión. Existe otro circuito, Xerte Natura, que ofrece la actividad para niños "Desmasito".
La diversión con los niños se puede completar con un pequeño paseo en bicicleta. Si no se ha podido transportar desde casa, en Jerte se alquilan en cuatro puntos: Apartamentos El Rincón del Jerte, en Rebollar (Tel.: 927 47 10 36 - 627 913 161); Camping Río Jerte, en Navaconcejo (650 51 88 39); albergue Alberjerte, en el Tormo (619 800 072 - 927 17 52 21), y en JertExtrem (650 51 88 39).
Gastronomía
Los viajeros que se acerquen a ver la floración en el Valle del Jerte no pueden dejar de probar las especialidades de la zona. Un buen primer plato es la Ensalada de Invierno que mezcla naranjas, aceitunas negras y aceite puro de oliva. Otro plato típico son las Sopas de Cachuelas, hechas con pan y sangre de cerdo. Además, el Valle del Jerte tiene su propia variedad de Migas en las que se añaden patatas fritas. Sin embargo, lo más representativo son sus licores y aguardientes sin conservantes ni colorantes que realiza la Agrupación de Cooperativas del Valle del Jerte. El primer producto fue el Kirsch, aguardiente de cerezas, pero en la actualidad se pueden encontrar licores de ciruela, zarzamora, frambuesa y uva.
Spa y Cerezaterapia
El hotel balneario Valle del Jerte en Valdastillas en el que, coincidiendo con la floración, se promocionan paquetes de relax con tratamientos de "Cerezaterapia" y "Un paseo por las nubes espacial cereza". En la localidad de Jerte encontramos el hotel rural El Túnel del Hada que completa sus servicios con un spa. Por su parte, el Hotel Rural Finca del Carpintero ofrece cinco habitaciones dobles y tres suites, todas ellas personalizadas. Asimismo, la zona del Valle del Jerte también cuenta con dos campings, casas rurales, apartamentos y un albergue.

Guía útil

Oficina Turismo Valle del Jerte:
http://www.turismovalledeljerte.com/
Rutas guiadas:
> http://www.elvalledeljerte.com
Dónde dormir:
> Balneario Valle del Jerte: www.balneariovalledeljerte.com
> Hotel rural Túnel del Hada http://www.tuneldelhada.com/
Qué hacer:
> Picadero Montero: http://www.valleaventura.com/picaderomontero.htm
> Parque de aventura Xerte Natura http://www.xertenatura.com/?section=portada
> Parque de aventura Valle del Jerte: http://www.valledeljerte-parqueaventura.com/

EL ALJIBE

Aljibe
Este aljibe hispano-árabe es uno de los restos que ha pervivido de la alcazaba militar almohade, ya que el edificio que lo alberga – el Palacio de las Veletas, actual Museo de Cáceres-, fue reestructurado en el siglo XV y remodelado en los siglos XVII y XVIII. Aún conserva agua. Este almacén de agua, que sigue recogiendo la lluvia que cae en el patio renacentista que lo cubre, es uno de los más grandes de su época, de ahí su espectacularidad, potenciada por la luz dorada que se vierte desde el cenit hacia las cinco naves compuestas por arcos de herradura.

NH Collection Palacio de Oquendo, a las puertas del Cáceres monumental

Alojamiento en un palacio del siglo XVI en el centro de la ciudad extremeña


Patio del hotel NH Collection Palacio de Oquendo, en Cáceres.
Patio del hotel NH Collection Palacio de Oquendo, en Cáceres.
Un escudo en mármol con las armas de Ovando, Flores, Cárdenas y Gutiérrez informa de que el palacio que ocupa este hotel perteneció desde el siglo XVI a Rodrigo de Ovando, hijo del comendador mayor de la orden de Calatrava y conquistador de La Hispaniola (hoy, Haití y la República Dominicana). Durante los siglos posteriores, la propiedad pasó a manos de destacadas familias extremeñas, como los Mayoralgo, los marqueses de Castro Serna y los marqueses de Oquendo. Hasta que, en 1990, la marquesa de Camarena se lo vendió a la cadena Meliá, que procedió a su reforma para convertirlo en el primer hotel de lujo en Cáceres. Desde hace algo más de una década figura adscrito a la división de lujo de la cadena NH.
Puntuación: 7
Arquitectura 8
Decoración 6
Estado de conservación 8
Confortabilidad 7
Aseos 6
Ambiente 7
Desayuno 7
Atención 8
Tranquilidad 7
Instalaciones 7
Aparte de la fachada, adornada con almohadillones, el palacio alberga un elegante patio renacentista con un vano gótico trabado en la fachada original, retranqueada sobre la actual a través de unas bóvedas latericias. Hay movimiento en su interior, bien de turistas con el plano de la ciudad desenfundado para emprender la visita del casco monumental de Cáceres, bien de ejecutivos en reuniones de negocios, que compiten por sentarse los primeros en los cartesianos butacones situados junto a la escalera. Para los últimos se han dispuesto tres salones sin el mínimo atisbo palaciego, funcionales e iluminados según criterios corporativos.
Las habitaciones siguen en esa línea impersonal, aunque acendrada, de dimensiones apretadas, donde solo caben como elementos decorativos la blancura de los propios edredones, unos libritos colocados sobre las mesillas de noche en maderas claras y los cosméticos ascéticos del baño. Ni señas del antiguo palacio, salvo en los dormitorios superiores, en uno de los cuales cabe disfrutar de una curiosa bóveda de tercelete.
Fachada del hotel NH Collection Palacio de Oquendo, en Cáceres.
Revisten cierto encanto las habitaciones abuhardilladas, especialmente si el huésped se inventa la forma de asomar la cabeza por las claraboyas para volar sobre los tejados de la ciudad. Otras, sin embargo, no ofrecen ninguna vista a nada. Las más, extienden sus ventanales y balcones a la plaza de San Juan, junto a la muralla árabe.
Lo único realmente incómodo del hotel es la falta de aparcamiento. Las calles aledañas están abarrotadas o están prohibidas al tráfico, por lo que no hay más remedio que desplazarse al exterior del recinto histórico y pagar 10 euros por un garaje concertado. Es el precio de dormir en un palacio y habitar una de las ciudades más monumentales de España.

NH Collection Palacio de Oquendo

  • Categoría: 4 estrellas.
  • Dirección: plaza de San Juan, 11. Cáceres.
  • Teléfono: 927 21 58 00. Central de reservas: 916 00 81 46 (NH Collection).
  • Internet: www.nh-collection.com.
  • Instalaciones: patio en el vestíbulo, terraza, tres salas de reuniones con capacidad para 130 personas, salón de estar, bar, restaurante.
  • Habitaciones: 84 habitaciones dobles, 1 triple, 1 júnior suite.
  • Servicios: algunas habitaciones adaptadas para discapacitados; animales domésticos prohibidos.
  • Precios: desde 68 euros la habitación doble, IVA incluido; desayuno, 10 euros, IVA incluido; garaje concertado, 10 euros, IVA incluido.

Cáceres, cuando vuelven las cigüeñas

De los palacios renacentistas al festival WOMAD, la mezcla cultural empieza en el pasado y termina en el futuro en la ciudad extremeña

Iglesia de San Francisco, en el casco histórico de Cáceres, una de las 13 ciudades españolas declaradas patrimonio mundial.
Iglesia de San Francisco, en el casco histórico de Cáceres, una de las 13 ciudades españolas declaradas patrimonio mundial. / Getty
Si, como decía María Zambrano, Extremadura es la tierra del silencio, tal vez la ciudad del silencio sea la parte antigua de Cáceres, declarada patrimonio mundial en 1986. Hay aquí una especie de recogimiento, de soledad, una forma de meditación. Por eso, uno prefiere pasear por ella al atardecer, siguiendo el rastro de las cigüeñas que regresan, viendo la luz que, cuando empieza a derrumbarse por Portugal, se torna dorada y rojiza como el resplandor de una hoguera.
javier belloso
Al llegar al paseo modernista de Cánovas, uno recuerda hasta qué punto Cáceres es una ciudad de la gente hecha para ser vivida a cualquier hora. Cánovas tiene un olor a jardín burgués y a flor de acacias, y es un rincón que cada crepúsculo muestra el color primaveral de una caña de cerveza. Hasta la Plaza Mayor, uno sigue paso a paso el hilo de Ariadna de nuestra época: el comercio. Pero el comercio aquí se deja seducir por los caserones decimonónicos, por los miradores y los ventanales. En San Juan todo se vuelve elegante y un poco mundano, como un turista fino, con ese erotismo de los hoteles, los restaurantes, las taperías y las tabernas. El Cáceres del XIX es un pueblo impresionista, castizo y aristocrático. Una calleja te lleva al hambre de la posguerra, otra al esplendor de la modernidad y sus movidas.
Mundos que se juntan todos en la Plaza Mayor como un juego de mestizajes culturales. La plaza aún conserva el recuerdo del mercado que fue y todo lo que se vive en ella año tras año: el WOMAD y sus músicas étnicas, las procesiones de Semana Santa, las noches de verano y sus terrazas junto a los soportales, mientras uno ve los movimientos de la luna sobre la muralla y los palacios renacentistas, y degusta la torta del Casar, la perdiz al modo de Alcántara, el mojo de tencas de Brozas y acompaña el biscuit de higos con un tinto de la tierra. Una gastronomía en la que se funde lo pastoril, lo tradicional y el refinamiento de los monasterios, algunos de cuyos platos serían llevados por las tropas francesas a las mesas de París.
La Puerta del Río, en Cáceres. / Getty

Puertas y rumores

Entrar en la ciudad vieja es algo más que entrar en un espacio físico, es un salto en el tiempo. No hay sobre ella una sola mirada. Las puertas del Arco de la Estrella o de Santa Ana son las más evidentes. Pero uno puede bajar hasta la iglesia de Santiago, recorrer toda la calle de Caleros y entrar por la romana Puerta del Río. Este es el sitio por el que, durante años, en mis paseos, yo he entrado en esta ciudad. Se oye el rumor del agua, se ven las huertas y los cañizales, se huele el té moruno de Los Siete Jardines. Después se sube por la Cuesta del Marqués con esa imagen de Cristo en lo alto del arco, las calles hacia la judería y la Casa-Museo Árabe, y se comprueba que toda nuestra civilización cabe en unos cientos de metros de empedrado.
Decía De Vigny que cuando vemos lo que es el hombre y la vida nos damos cuenta de que lo único grande es el silencio. La plaza de San Jorge, los Golfines de Abajo o la plaza de Santa María son tres poemas escritos con la arquitectura del silencio. Sus estéticas señalan una moral: que la belleza es el lugar donde la mirada descansa. Como ocurre al entrar en el Jardín de Ulloa, tan íntimo y sosegado. Al detenerse ante el gótico del palacio de los Solís, con ese escudo donde hay un sol con rostro humano y sus rayos mordidos por las furias. Al desviarse hacia la geometría de ladrillo de la Casa Mudéjar, hacia la hiedra de la Torre de Sande y llegar hasta la plaza de San Mateo. Es decir, que, después de las guerras, los odios y las sangres que por aquí se vertieron, hoy estos rincones nos enseñan que solo el arte perdura porque a veces nos acerca a la medida de nosotros mismos.
Con frecuencia, por la mañana temprano, la plaza de San Mateo huele a tocinillo de cielo, a cortaditos de cidra, a yemas, a mantecados, a corazones de almendra, la repostería que sale del horno de las hermanas clarisas en el convento de San Pablo. No se entendería bien la dimensión de toda esta belleza si no se entendiera esa labor humilde y exquisita de los dulces de los conventos cacereños. Porque en Cáceres la belleza empieza por el paladar.

Guía

Hay ciudades llenas de puntos de fuga. Los puntos de fuga en Cáceres hacen que, desde la ventana o el mirador de un palacio, lo que veamos no sean campos o sierras, sino cuadros; es decir, obras de arte. Eso ocurre de forma muy profunda cuando estamos en la plaza de las Veletas, cuando bajamos por los corredores hasta el aljibe. Cuando recorremos los adarves, cuando nos subimos a una torre y sentimos la inmensidad de la llanura como un lienzo pintado por un impresionista.
Hay demasiada vitalidad en esta tierra como para no sentirse contagiado por ella. Las calles de Cáceres empiezan en el pasado y terminan en el futuro, por eso son vividas con entusiasmo. Parafraseando a Borges, uno puede decir que, después de tantos años de pasearla, de vivirla y de pensarla, la belleza es frecuente aquí, y no pasa un día en que no veamos algún signo que nos acerca un poco más a su secreto.

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